CAPACITACIÓN QUE INSPIRA
CONCEPTOS DE PSICOGENEALOGÍA

Mientras no son reconocidas, un conjunto de dinámicas hasta hace unos cuantos años ignoradas gobiernan el curso de la vida de las personas disfrazadas hábilmente de destino.



Cada persona es un único, completo, bello y complejo universo producto de sus decisiones, experiencias, impresiones, creencias. Un resumen dinámico y viviente de sus propios sentimientos, pensamientos, intenciones y acciones, y por supuesto también una versión condensada del gran árbol de la vida de su clan de origen que tanto a nivel genético como metagenético la influye intensamente. Descubrir esas influencias es un trabajo sanador y de enorme provecho tanto para la rama que crece como para el resto del conjunto.

Todo es producto del amor

El amor tiene muchas formas y variadas manifestaciones. Tiene muchos matices, tonos, temperaturas. Tiene muchas texturas y colores. Tiene muchos nombres y muchos rostros y huellas. El amor tiene muchas manos, luces y sombras. Tiene muchas memorias. Así, gracias a la discreta acción del amor, se hereda de los antepasados bastante más que aquello que es simplemente visible…

Al comienzo se suele hablar del azar, la suerte y la casualidad. A medida que el tiempo pasa y la conciencia cumple con su propósito al experimentarse y reconocerse a través del mundo, esas precarias palabras dan paso al término causalidad. Aún entonces un escalón más se insinúa: la sincronicidad: un perfecto collar de preciosas y relucientes perlas que se hilvanan con una notable precisión que casi excluye la comprensión hasta del más nítido raciocinio, salvo el de aquel que permanece informado y muy atento.

Notorio o no, todo lo que sucede tiene un sentido inmediato que cumple a su vez con un propósito mayor perfectamente definido. El nacimiento de un individuo en el seno de una familia es quizás la más misteriosa de aquellas perlas de la sincronicidad. Siempre tiene un sentido y un noble propósito.

El sistema familiar

Como casi todo sistema, las familias también poseen jerarquías, funciones, reglas, leyes y fronteras (límites). Pertenecer a un clan determinado conlleva ocupar un lugar específico con implicancias en los más diversos aspectos. Por una parte se heredarán derechos, cualidades y características. Permisos y posibilidades. Aptitudes, recursos. Se recibirá un cierto amparo. Por otra parte, para ganar y sostener el derecho de pertenencia, será necesario cumplir con determinados requerimientos y condiciones. Respetar ciertas reglas, cumplir algunas expectativas. Adecuarse y adaptarse al sistema receptor y a sus formas. Se podría resumir al pensar que la pertenencia a una familia aporta y otorga derechos y de alguna manera impone algunas obligaciones. Aun así estos parámetros no son solamente aquellos explicitados mediante la educación o el trato cotidiano, en las normas de convivencia familiar, sino que también emanan de la remota y discreta profundidad de las raíces que fundan el árbol del clan y le dan firmeza sobre la tierra.

El humano es por naturaleza un ser social, gregario. El sentido de pertenencia es fuerte porque indirectamente garantiza la supervivencia de cada individuo: ningún ser humano sobrevive en soledad al nacer. Necesita cuidados y afecto. Necesita alimentación, abrigo, aseo y fundamentalmente amor. Ningún pequeño sobrevive sin amor. El amor se manifestará como inclusión, aceptación, contención, amparo, cuidado, consideración, nutrición, abrigo, cariño y muchas otras formas de distinta relevancia, pero siempre será la esencia indispensable para el bienestar de cualquier retoño.

El requisito de ser visto, reconocido, aceptado, integrado e incluido para entonces ser receptor de cuidado, nutrición, protección y amparo (los derechos) es el fundamento de la necesidad de aceptación de las obligaciones implícitas en el sutil contrato del individuo para con su clan receptor. El motivo: garantizar su supervivencia y bienestar o, cuando menos, aumentar ampliamente sus posibilidades.

En una medida diferente se observan estas dinámicas en funcionamiento en círculos mayores, como las distintas culturas, civilizaciones o sociedades, pero el propósito es siempre el mismo: ampliar y sostener las posibilidades de sobrevivir.

El sentido

Para llegar a ser, todo lo que existe tuvo primero un sentido. El sentido o la necesidad de una cosa es siempre anterior a la existencia de la cosa. Se puede afirmar que existe el lenguaje porque se necesita para la comunicación. Existen los números porque es necesario medir y contabilizar y son un medio adecuado para ello. Existen las rutas porque se viaja.
El sentido de la cosa es entonces el verdadero origen de la cosa y eso es exactamente igual en las personas. Al trasladar estos conceptos a los individuos se comprende fácilmente que el nacimiento de una persona en una familia también se apoya en una compleja red de sentidos entretejidos perfectamente, sean estos evidentes o no.

El sentido de una persona es a su vez la clave para ser considerada e incluida en el clan, en la familia: algo así como su función o su rol en el grupo. Aquello que se espera que haga. Se denomina proyecto-sentido, y puede entenderse como el conjunto de parámetros y programas inconscientes que determinan las cualidades de una persona en su entorno, su función, su lugar, sus pautas y ciertas características; condiciona su comportamiento y libertades y define mucho de sí. Es una suerte de paquete de información que se modela en forma inconsciente aun antes de la gestación y del nacimiento del receptor.

Desde la gestación hasta el nacimiento es fundamentalmente la madre quien carga la mayoría de los parámetros del proyecto-sentido al hijo, pero ya desde nueve meses antes de la concepción el padre define parámetros que serán cargados al futuro embrión.
Desde el nacimiento hasta nueve meses después, fecha que se conoce como punto de proyección, ambos progenitores descargan programas al hijo.
Estos parámetros y condicionamientos son articulados en forma inconsciente. Se trata de programas que surgen principalmente de las expectativas que se proyectan hacia el proyecto de hijo, de las necesidades presentes en los progenitores y/o en el clan, y de los asuntos pendientes más emergentes.
Además de delinear sus cualidades, la cantidad y características de estos programas determinan el tono vital del individuo, que es la sumatoria de permisos, garantías, libertades, habilitaciones, reconocimiento, aceptación, aprobación, energía vital, autoconfianza, seguridad, etcétera, con que cuenta, y que recibe principalmente de su proyecto-sentido como también de su experiencia durante los primeros años de vida. Un esquema que delimita aquello que se supone que puede y que no puede hacer, aquello que se espera que manifieste, exprese, resuelva, logre, continúe o complete. El lugar que le pertenece y el modo de ocuparlo. La larga y sutil lista de definiciones de cargo, función y responsabilidades en la empresa-familia.

Muchas personas que tienen poca energía vital u otros tipos de condicionamientos encuentran liberación y sanación al analizar y concientizar su proyecto-sentido: cuál fue el motivo por el cual fueron concebidas. Quién lo deseaba y quién quizás no. Qué se esperaba que hiciera con su vida. Qué expectativas cargan sobre la intención de su nacimiento. Qué condiciones imperaban al momento de su concepción. Qué momento se vivía entonces en el clan familiar.

Conflictos bloqueados



La familia es un sistema y funciona como una empresa con su propio gerenciamiento y economía. Si el sistema se encuentra ordenado y cada individuo cumple adecuadamente su función todo tiende a fluir correctamente. Sin embargo algunas veces suceden hechos que desordenan o que bloquean: eventos inesperados, situaciones altamente estresantes o bien inaceptables para uno o más miembros, sucesos de alta intensidad, cuestiones imposibles de procesar, instancias de enorme dolor, conflictos sin solución.
Uno de los ejemplos más claros son las muertes injustificadas-injustificables: se denomina así a aquellas muertes que no pueden ser completa o satisfactoriamente elaboradas, como por ejemplo el fallecimiento de bebés o niños pequeños, la defunción súbita e inesperada de individuos jóvenes o sanos, las muertes dramáticas, las personas desaparecidas, los fallecimientos accidentales.
Estos hechos de muy difícil asimilación por uno o varios miembros del grupo generan conflictos que quedan bloqueados: asuntos pendientes, no resueltos, que pasan a flotar como un fantasma que clama por atención y ayuda a nivel del inconsciente del grupo familiar entero, esperando hallar algún día una solución satisfactoria, una vía de expresión, un remedio para romper las oxidadas cadenas del dolor.

El término genérico conflicto bloqueado alude entonces a cualquier tipo de conflicto o duelo no elaborado. Un pendiente importante para uno o más individuos. Asuntos no expresados o no resueltos, secretos herméticamente guardados, personas excluidas, injusticias, deslealtades, deshonras, traiciones y otras faltas graves.
Los conflictos bloqueados piden a gritos la expresión de lo callado, la reincorporación del exiliado, el perdón del condenado. Piden a gritos volver a unirse al árbol del que sorber redención, amor, vida.

Básicamente todo conflicto o suceso no resuelto, pendiente, secreto, no dicho o no expresado es un potencial generador de manifestaciones en el sistema: cargas psíquicas o biológicas que algún sucesor se ocupará de portar o expresar en un honorable y solidario intento inconsciente por aliviar el dolor y reparar el orden dentro del clan.

Nuevamente la supervivencia del «gran individuo» se prioriza y se pone de manifiesto mediante estas maniobras de extrema inteligencia y habilidad de la propia naturaleza que acontecen en el «pequeño individuo». Nuevamente aparece ante el ojo atento la actividad del verdadero e incondicional amor para colaborar, aunque pueda ser incorrectamente interpretada en forma de problema, desgracia o pesada carga hereditaria. En realidad se trata de la noble acción de algunos miembros del clan que se hacen cargo de los conflictos pendientes para que la marcha no se detenga.
Esto acontece naturalmente con el objetivo de aliviar y equilibrar la estructura del clan, garantizar su funcionalidad y permanencia, y por ende la supervivencia y bienestar de cada uno de sus miembros.

Por el bien propio y por un bien mayor

Quienes estén disponibles, mejor preparados, quienes tengan la fuerza, el conocimiento o la confianza en sí mismos serán quienes darán el paso al frente para venir al mundo y asir la pesada carga por el bien de todos. Se podrán identificar analizando las simetrías: es decir, los puntos en común con quienes padecieron un dolor insoportable o vivieron un conflicto cuya resolución es o fue imposible hasta ese momento.

Además de la nobleza, lealtad y gratitud, detrás de todos los intentos está siempre vigilante el amor, muy solapado tras el miedo, que es su antagonista. El único miedo real es la propia muerte. Aun el miedo al sufrimiento es en verdad y a fin de cuentas otro disfraz del miedo a morir por un sufrimiento insoportable.

El árbol familiar

Para trabajar la estructura familiar y lograr el entendimiento profundo que se necesita, habitualmente se analiza desde diferentes ángulos el genograma o genosociograma (árbol genealógico) en busca de simetrías: puntos de contacto o de confluencia entre una o varias personas. Concordancias; afinidades y sintonías.

Existen simetrías de nombres, fechas, posiciones, género y similitudes-similaridades. Sucintamente:

—Simetría de nombres: mismos nombres, nombres parecidos o parcialmente iguales, nombres con un mismo significado, nombres transgenéricos (mismo nombre pero del género complementario) y otras combinaciones aún más complejas conectan a una persona con otra a nivel transgeneracional: la identifican como solidario portador de su memoria, de su legado.

—Simetría de fechas: la cercanía entre fechas (considerando solamente el día y el mes) —en algunos casos con una tolerancia de hasta 15 días antes o después— establece una simetría. Por ejemplo la fecha de nacimiento o concepción de un individuo con la fecha de nacimiento de algún antepasado define un doble transgeneracional: alguien que será apoyo o hasta reemplazo. La fecha de nacimiento concordante con la de defunción de un ancestro lo vuelve su heredero o continuador.

—Simetría de posiciones: ocupar la misma posición en el rango de fratría revela una conexión con un familiar. Por ejemplo ser el tercer hijo, al igual que otro miembro del clan que es también tercero, es decir que ocupa la misma posición entre sus propios hermanos.

—Simetría de similaridades o similitudes: según ciertos parámetros, el parecido físico, mental, emocional o comportamental con un ancestro puede revelar algunas conexiones funcionales con tal antepasado.

—Simetría de género: la posibilidad menos importante debido a su gran amplitud. En general solamente aplica como elemento intensificador de los otros tipos de simetrías.

Identificar simetrías permite descubrir qué lealtades e influencias actúan o se manifiestan con más fuerza en la vida de una persona y trabajar conscientemente con ellas para optimizar sus recursos, avanzar hacia su mayor bienestar al retirar obediencias inconscientes, depurar creencias, remover bloqueos, condicionamientos, impedimentos y otras limitaciones y cargas negativas e incluso revertir dolencias.
Todo aquello que se hace consciente pierde intensidad desde lo inconsciente otorgando mayor liviandad, libertad y verdadera autonomía o libre albedrío.

Sanar, reintegrar, florecer



Una vez esclarecidas las lealtades, el trabajo consiste en pasar a la conciencia la mayor parte posible del contenido inconsciente. Revelar el origen, la función y características de cada programa detectado. Para sanar y avanzar se necesita tomar conciencia y tomar acciones concretas tendientes a corregir el curso del entendimiento y de la energía del individuo: reordenarse hacia su correcta posición. Empoderarse y adueñarse de su propia vida. Se aprovechan para ello algunas dinámicas del funcionamiento de la mente subconsciente, como ciertos aspectos de la percepción indiferentes a la distinción entre lo real y simbólico, virtual o imaginario, o bien al origen de un estímulo: percepción sensorial, memoria o creación imaginaria.

Pueden realizarse actos simbólicos diseñados para ser interpretados como reales por la mente subconsciente, de forma que se desbloquee el conflicto bloqueado, se destrabe el pendiente y se devuelvan el tono vital y la plenitud al individuo y al clan.
Estos procesos son altamente efectivos y en general muy rápidos. Los períodos de ventana (tiempo en que pueden evidenciarse cambios) llegan hasta los seis meses.
Cuando se sanan conflictos pendientes, cuando se resuelven asuntos bloqueados, el despeje alcanza hasta siete generaciones: la que realiza el logro o consigue el aprendizaje, tres anteriores y tres posteriores, todas ellas se liberan del asunto irresuelto que ha sido finalmente comprendido, limpiado, digerido, asimilado y reordenado.

Solo el amor es capaz de sanar

Sanar también es aprender a incluir amorosamente cualquier vivencia padecida a lo largo del sendero de la vida en que se escribe la historia personal simplemente como una experiencia. Apartar el juicio. Silenciar con entendimiento y una visión ampliada la mirada umbilical de «por qué a mí». Es importante además tener en cuenta que ningún ser humano sobrevive sin un mínimo de atención y cuidado, por lo que —aunque se hubiese necesitado más, se sienta que se ha obtenido poco, o que se ha sido víctima de injusticias, abandonos, desamparo u otros dolores y sufrimientos— también es posible afirmar que se ha recibido al menos lo necesario para sobrevivir, para estar aquí y ahora. A partir de un concepto alternativo así, resulta posible y expansivo honrar y agradecer esta visión positiva de la misma realidad.
En este sentido se impone reconocer que todo viviente necesariamente ha sido amado; ha sido querido y aceptado en alguna medida.
Ayuda a la comprensión de este enfoque reconocer que casi nadie es capaz de dar aquello que no ha recibido y que desde sus circunstancias todos hacen lo mejor que pueden en cada momento. Lo negativo suele ser producto del miedo, la ignorancia y la carencia, y muy rara vez de la mala intención en sí misma.
El compromiso del consciente será ahora elegir, aceptar, integrar, exaltar y compartir aquello que a sus propias luces y sentires considere honestamente lo mejor de sí.





Por: Lauro Alonso - www.lauroalonso.com
Última actualización de este documento: 03 de octubre de 2014 - 1.0